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Comunidad Qué hacemos má?!: Nuestros lectores nos llevan a bellos lugares de Córdoba

Publicado el Viernes 5 agosto, 2011
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Como ya es de costumbre en nuestro medio, publicamos las hermosas anécdotas que los participantes de diferentes concursos nos envían. En esta oportunidad,  compartiremos los relatos que  algunas personas escribieron para ganar el libro “Con el sol en los ojos” del talentoso escritor y artista, Jorge Luján.

Judith Alejandra Diani:

Desde que era niña mis padres me llevaban de campamento al Dique Los Molinos, estar en contacto con los eucaliptos del lugar donde  nos quedábamos a descansar, me daba mucha tranquilidad. El pescar con mi padre y estar horas sentada esperando, me transmitía paz… hasta el día de hoy llegar al lugar y sentir ese olor tan especial del eucalipto, me transporta a esos años.. y hoy también llevo a mis hijos y nos gusta mucho disfrutar del lugar…”

Victoria Cortés Funes:

“Cuando leí la consigna de esta semana, no pensé en escribir porque se me representaba haber visto corzuelas, chanchos del monte, pumas, iguanas, etc;  en estado natural, todos momentos únicos y fugaces, pero ninguno en especial…
Pero luego me acordé de algo que realmente me impactó. A lo mejor porque seguramente era muy chiquita cuando pasó.

En Tulumba, lugar donde veraneábamos, los techos tenían como 5 mts. de altura porque eran casas muy antiguas. Alrededor tenían galerías y aleros.

Recuerdo que mi mamá me llamó y me ayudó a subir a una escalera altísima de una casa, de esas de pintor (ella por detrás para que no perdiera el equilibrio). Contra una viga del alero, había un  nido diminuto, parecía una cazuelita. En el nidito podían verse varios “gusanitos” pelados y de un color fuerte (creo que naranja). Mi mamá me explicó que era el nido de un picaflor y que los pichones eran así porque todavía no tenían plumas. También me contó que estaba hecho con algunos palitos, pero sobre todo, de telas de araña.
Supongo que con el tiempo uno va perdiendo esa capacidad de asombro con que mira las cosas cuando es chico. Esa mirada de descubrimiento, como si fuese la primera y última vez, para todo. Nunca más he visto un nidito de picaflor con pichones. Espero alguna vez, tener la oportunidad de mostrarle uno a mis hijos.
De cualquier manera, si no es eso, ellos tendrán otras maravillas por encontrar.”

Gentileza de ww.liveargentina.com

Claudia García:

Unos meses después de cumplir su primer añito… llevé a Leonel, mi nene, de vacaciones a Tanti, en pleno enero del 2010, para que disfrutara de la frescura de los arroyos serranos… y no nos equivocamos. Ya que entre las piedras del arroyo, la fuerza del agua, convertía las ollitas en un jacuzzi natural a su medida, que Leonel aprovechó al máximo.

Pero la anécdota que quiero contarles, sucedió en la hostería en la que nos habíamos alojado, que tenía un bonito jardin con cesped, plantas, arbustos.

A la mañana temprano, con mi nene y mi marido, de salida hacia lo que prometía ser una caminata, atravesamos el jardín, pero algo nos detuvo, fue la curiosidad. Porque entre el verde de las plantas sobresalían unas manchitas blancas, eran unas manchitas movedizas; en un segundo estaban ahí, al otro ya no estaban y estaban mas allá… ¡eran conejitos! tres pequeños conejitos blancos y muy huidizos eran las mascotas del lugar.

Mi nene cuando los vió, comenzó a corretearlos dentro de sus posibilidades, ya que hacía poco que había empezado a caminar, por lo que los conejitos le llevaban bastante ventaja.

Fue muy graciosa la situación,  Leonel tratando de acercarse a ellos, con mucha expectativa y curiosidad, acompañada de una amplia sonrisa en su carita. Quizás pensaba que eran juguetes, los conejitos por su lado  se escapaban de este pequeño monstruito del que sospechaban intenciones perversas. Mi marido detrás del nene procurando que no cayera y yo, con la cámara de fotos persiguiéndolos a todos, tratando de capturar alguna imagen interesante de este inesperado encuentro.

Después de un rato, de ir y venir por el jardín, entre las plantas, Leonel y uno de los conejitos quedaron enfrentados; se miraron por unos segundos. Leonel extendió su manito, mientras la nariz del conejo se movía muy rápido y con mucha suavidad, lo tocó con su dedito índice; lo increible es que el conejo no escapó y ambos quedaron mirándose asombrandísimos… ¡se estaban descubriendo.

Así fue que Leonel hizo un nuevo amiguito: una creaturita blanca, peluda y muy simpática.

Yo, en silencio, a un costado, me deleitaba con tanta ternura y hasta pude capturar el momento con mi cámara, para ahora poder compartirlo con ustedes…

Autor: Sol Castro
Directora General y Editora de Qué Hacemos Ma?! - Especialista en Periodismo Digital y Cultural - Lic. en Comunicación Social - Téc. Superior en Cine y Video. Gestora Cultural.
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Comentarios

Una Respuesta a “Comunidad Qué hacemos má?!: Nuestros lectores nos llevan a bellos lugares de Córdoba”

  1. Claudia dice:

    Mi goldito momosho con el conejito… lo amo!!!!

    Muy lindas las historias… de la mano de la naturaleza siempre estan asociados los mas lindos recuerdos…

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