Madrid en primavera y con niños: recomendaciones para disfrutar la ciudad

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Junio es un mes muy lindo para compartir Madrid con niños. El otoño pinta el paisaje por mi barrio, aquí, en Salta (Argentina) y empiezo a sentir el placer de recordar Madrid en primavera. Cuando la conocimos juntas con mi hija, hace un año, supongo que en otras temporadas y estaciones también tendrá sus encantos, pero estoy segura que la primavera en Madrid nos regaló un hermoso viaje y un montón de buenos recuerdos. Otra vez, viajando juntas.

Los parques y los espacios verdes son tan atractivos como los museos y los bares. Caminar y recorrer lugares gracias al sistema público de transporte es ya una buena experiencia. Es sin lugar a dudas una ciudad en la que podríamos vivir, su cotidianeidad es encantadora. Su tiempo libre invita a salir para vivir hermosas experiencias.

La gente que habita la ciudad, más allá de vivir en una capital, disfruta de los encuentros y el deporte, y el tiempo libre no es sólo una experiencia para vacaciones, sino que se puede disfrutar de él todos los días. Personas de todas las edades comen, toman, juegan, disfrutan, ríen, pasean por aquí y por allá. Parece que todos salen a disfrutar apenas empieza la tarde y al sol le quedan varias horas para seguir alumbrando. La noche cae después de las 22 horas, y la temperatura es muy agradable, tanto de día como de noche.
Madrid es una bella ciudad, con la que sentí una fuerte conexión desde siempre. Al estar en ella sentí que ya la conocía, puesto que ya la había transitado gracias a la música de Sabina, y diferentes películas que ayudan a reconocer detalles de la ciudad. Con algunas canciones ya había paseado imaginariamente por el Paseo del Rastro (los domingos por la mañana ocupan las calles diversos puestos de la feria más antigua de toda Europa) y el barrio de los poetas de Madrid. Algo parecido me había ocurrido hace un tiempo cuando viajé a Uruguay por primera vez, ya había caminado y cantado en La Calle Durazno y Convención, a partir de los fragmentos de las canciones de Jaime Ross, aún antes de pisar el lugar.

En todos los viajes sucede igual, el primer paso es acomodarnos. Llegar, dejar los bolsos y soltar las horas que “perdimos” entre el viaje y el cambio de horario de los continentes, los meridianos y los paralelos del mundo. Además sabemos que son horas que en el viaje de vuelta a casa vamos a recuperar, para así tener un día más largo que cualquier otro, por andar detrás del sol.

El segundo paso es salir a sentir la tibieza de la bonita ciudad. Para recomendar algún itinerario en Madrid, un primer paseo podría ser visitar el Parque del Retiro. Estirar las piernas, correr, encontrar juegos y pequeñas lagunas. Recomendación: llevar agua caliente para el mate; porque eso sí que es difícil de encontrar. No hay agua caliente para brindar al turista en casi toda Madrid.

Se camina, se corre, se frena. Los árboles y los senderos son interminables, maravillosos. Este parque es solo uno de los pulmones de Madrid. Allí podemos ver algunos de sus elementos arquitectónicos e históricos más importantes: el Estanque Grande donde se puede jugar con unos pequeños barquitos, el Palacio de Velázquez y el Palacio de Cristal, ambos utilizados actualmente como salas de exposición.

El Palacio de Cristal, pabellón romántico creado para dar cabida a una muestra de plantas exóticas en la Exposición de Filipinas de 1887, es uno de los principales ejemplos de la arquitectura del hierro, en España. Este último nos encantó a las dos, tanto a mi hija Lucía, como a mí. A ella le recordó a los castillos de los cuentos de princesas. En general, es toda una aventura encontrarlo, ya que está un poco escondido. Allí siempre hay alguna muestra de arte para disfrutar, además de los detalles propios de ese hermoso edificio y sus alrededores.
Es un parque encantador, creo que se podría visitar en diferentes días, pasar la tarde, tirarse al pasto, leer un poco y jugar otro tanto, cortar el apuro que nos da ser turistas en cualquier lugar, aprovechando que el ritmo de nuestros niños no necesariamente es acumular actividades, sino disfrutar el rato hasta que nos aburramos de pasarla bien y armar un nuevo plan.

El Parque de “El Retiro” cuenta con algunos juegos de plaza y mucha gente disfrutando de estar ahí. Es también muy conocido, porque se encuentra entre museos y grandes espacios de referencia que siempre se recomiendan en los recorridos de Madrid, que es visitada por miles de turistas al día. Algunos sitios para no olvidar, muy recomendables son: Palacio de Velázquez, el Museo del Prado, la Puerta de Alcalá, el Museo Thyssen-Bornemisza, el Museo Naval, el Palacio de Cibeles, la Plaza de Cibeles, el Centro Cultural Casa de Vacas, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y sin lugar a dudas el Real Jardín Botánico.

Parques y plazas hay muchísimas. Se pueden dar unas vueltas por el Paseo del Prado donde los jardines, el perfume y el tiempo se mezclan con el placer de poder caminar con independencia, haciendo carreritas, y jugando a la escondida de tanto en tanto. Por El jardín de Vivaces, los jardines de Cecilio Rodríguez (jardines clasicistas con aires andaluces), los jardines del Arquitecto Herrero Palacios, la Rosaleda (colección de rosas) y el Parterre Francés con el Ciprés Calvo, el árbol más antiguo de Madrid del que se dice que podría tener alrededor de 400 años. En cualquiera de sus jardines, o en todos ellos, vale la pena sentarse, mirar y estar. Por eso creo que el paseo por Madrid con niños nos invita a experimentarlos de otra manera. Con otros tiempos y otros ojos. Es sin duda un destino acorde, para recorrer con niños y personas de todas las edades.

La Estación de Atocha es un paseo sencillo y no tan largo. Tiene su historia triste, que todos recordamos, aquel 11 de marzo del 2004 con los tan temidos atentados. Es fuerte entrar en la estación, sin embargo,  las tortugas en los estanques, su estructura de grandes hierros e invernadero, hacen del espacio un lugar muy agradable.

Cuando pasen por algún de los muchos locales del Museo del Jamón, hay que hacer una parada. Disfrutar, probar, aprovechar, y seguir. Los 100 Montaditos también pueden darnos un toque de sabor con sus pequeños sándwiches, sobre todo los miércoles y domingos, que cuestan con todo, el valor de 1 euro.

El Rey del Pollo es un bodegón en los alrededores de Malasaña, el tradicional barrio de Madrid, donde en los años 70 surgió la llamada “movida madrileña”, y donde encontramos un importante circuito de bares culturales. Sobre comer y tomar debe haber un millón de lugares en toda la ciudad, la mayoría recomendables y sabrosos. La comida y los sabores de esta ciudad y de España toda, son imposibles de saborear sin poner en juego todos los sentidos.

Para resolver la necesidad de probar algo al paso, también pueden aprovechar los pequeños y modestos locales de comida árabe, los Döner kebab o Shawarma, que dan cuenta de la Europa que se complementa y amplía con la diversidad cultural y los residentes de otras naciones y culturas que la eligen para vivir mejor. Un dato chequeado es un pequeño local donde hacen cola y un hombre mayor y muy concentrado hace los más ricos shawarma que he comido por esos lados. A una cuadra de la Estación de Moncloa, donde pueden visitar el Museo de las Américas, el Faro de Moncloa, tomar un bus para ir a pasar el día al Escorial, o recorrer el parque Oeste, con la estatua de San Martín y un bosque maravilloso.

Pasa algo raro con esta ciudad, así como miles de personas van a conocer los famosos museos, los grandes monumentos, también miles de personas andan por todos lados llenos de bolsas y desatados, comprando en impactantes tiendas que se imponen desde la Gran Vía y todos los rincones. Los circuitos de compras y los tours abundan también en España. Nuestra recomendación en este terrero, es siempre pensar en el taxfree, que es la devolución del IVA a los turistas que compran en España, te lo dan en compras superiores a los 90 euros, es necesario juntar los tickets y presentarlos en la aduana en el aeropuerto, antes de viajar. Otro dato importante, y más si viajan con niños, es ir con tiempo prudente para hacer ese trámite, que implica que te sellen los tickets para finalmente pasar por otra oficina de venta de divisas, que también tienen el servicio del taxfree y te acreditan en dólares, ese IVA que pagaste y se te devuelve.

Volviendo a los paseos con niños, se me ocurrió recomendar la visita a la Casa Museo Ratón Pérez, aunque debo confesar a nosotras nos quedó pendiente. El museo el Ratón Pérez nació en el siglo XIX de la mano del padre Luis Coloma, un jesuita que por aquel entonces era consejero de la Corona, y al que un día le encargaron escribir un cuento para el pequeño Alfonso XIII, cuando se le cayó un diente de leche a los 8 años de edad. En el relato se decía que cerca del Palacio Real vivía un roedor con su familia en una caja de galletas, que se guardaba en el almacén de una confitería; y se contaba que cada noche el Ratoncito Pérez visitaba las habitaciones del futuro rey y de otros niños de la ciudad.

Otro largo e interesante recorrido, que puede ser dividido en varios días y hasta se puede hacer un picnic al aire libre, es el paseo Madrid Río,  ideal para ir en familia. Largas caminatas y espacios amplios. Con 17 áreas de zonas de juegos para todas las edades, gratis y seguras, todas distribuidas a lo largo del salón de Pinos y del Parque de la Arganzuela. La costanera está muy bien recuperada. Los juegos proponen el disfrute estimulando las habilidades, creatividad e imaginación. Pueden encontrarse diferentes figuras de animales talladas en madera y troncos de árboles que configuran estos espacios infantiles como si fuesen pequeños bosques de juegos dentro del bosque más grande de pinos que les rodea. Además, en el parque de la Arganzuela se sitúa la súper tirolina, la jungla de troncos y los toboganes.

Por otro lado, si quieren compartir algunos eventos con agenda cultural económica y diferentes, pueden recorrer el complejo municipal El Matadero, un gran centro de creación contemporánea. Quizás pueden tomar allí el metro y bajarse en Atocha.

Mientras escribo esta columna, Lucía dibuja algunos recuerdos de aquellos días primaverales en Madrid. Pienso que es un lugar donde volveremos y por eso me tomo un mate, y escucho a Sabina con su tema “Yo me bajo en Atocha” y tarareo la canción, recuperando detalles y recuerdos. Postales de los lugares que nos dejan lindas marcas, que para eso salimos a conocer el mundo, y a nosotras mismas.

Letra: Yo me bajo en Atocha, Joaquin Sabina

Con su boina calada, con sus guantes de seda,
su sirena varada, sus fiestas de guardar,
su vuelva usted mañana, su sálvese quien pueda,
su partidita de mus, su fulanita de tal.
Con su todo es ahora, con su nada es eterno,
con su rap y su chotis, con su okupa y su skin,
aunque muera el verano y tenga prisa el invierno
la primavera sabe que la espero en Madrid.

Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso,
su santo y su torero, su Atleti, su Borbón,
sus gordas de Botero, sus hoteles de paso,
su taleguito de hash, sus abuelitos al sol.

Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
su dieciocho de julio, su catorce de abril.
A mitad de camino entre el infierno y el cielo
yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.
Aunque la noche delire como un pájaro en llamas,
aunque no dé a la gloria la Puerta de Alcalá,
aunque la maja desnuda cobre quince y la cama,
aunque la maja vestida no se deje besar,

Pasarelas Cibeles, cárcel de Yeserías,
Puente de los Franceses, tascas de Chamberí,
ya no sueña aquel niño que soñó que escribía,
Corazón de María, no me dejes así.

Corte de los Milagros, Virgen de la Almudena,
chabolas de uralita, Palacio de Cristal,
con su “no pasarán” con sus “vivan las caenas”,
su cementerio civil, su banda municipal.

He llorado en Venecia, me he perdido en Manhattan,
he crecido en La Habana, he sido un paria en París,
México me atormenta, Buenos Aires me mata,
pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid,
pero siempre hay un niño que envejece en Madrid,
pero siempre hay un coche que derrapa en Madrid,
pero siempre hay un fuego que se enciende en Madrid,
pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid.

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