Que leer no sea un maratón de un día: por el placer de leer siempre

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Con gran placer he visto una multiplicidad de propuestas acompañando la ya clásica “Maratón de lectura” propuesta por la Fundación Leer. Dispositivos tecnológicos, aulas temáticas, salones lúdicos, poesía, cuentos, libros, palabras dichas y escuchadas. En diversas comunidades seguramente podrán destacar alguna iniciativa en particular que los llena de orgullo ya por la inventiva de los docentes y alumnos, ya por la apertura de las áreas de gobierno o la participación vecinal. Lo cierto es que esta jornada ha invitado a leer y a compartir, un poco por amor a nuestro niño que nos invita a leer en el cole y otro poco (o mucho), porque estamos convencidos de que leer es bueno. Y en nombre de esa certeza es que no debemos dejar que la lectura por placer o el contar historias sea cuestión de un día al año.

Hace muy poco tuve el honor de compartir una mesa con María Teresa Andruetto, inmensa escritora nuestra. Sus palabras, sus pensamientos siempre buscan el centro del espiral, nunca apuntan a la superficie, nos hacen ver que un lector no es un simple comprador de libros, leer va de la mano de la libertad de pensamiento. Ella nos habla de que construir una identidad lectora no se trata sólo de una costumbre sino de algo mucho más complejo, que necesita enriquecerse con la frecuencia, con algo de disciplina, pero que atraviesa de una manera intensa a la persona, la atraviesa en su intelecto, sus emociones, su deseo, su toma de conciencia sobre algunos asuntos, su grado de experiencia vital.

Teniendo en cuenta que hoy en día la autora es valorada a nivel internacional, particularmente a partir de premio Hans Christian Andersen que le otorgaran en el año 2012, le pregunté si en sus múltiples viajes ha estado en contacto con experiencias de estimulación o promoción de la lectura que podamos tomar de ejemplo. Su respuesta fue que en ningún lugar ha visto mayor trabajo que el que se hace en las escuelas argentinas con un docente apasionado por la lectura. Desde pequeñas comunidades rurales hasta colegios privados de las grandes ciudades, los maestros que tienen el ferviente deseo de transmitir el placer de leer son los que a puro amor forman nuevos lectores. Porque hay niños que llegan a la escuela con un cierto bagaje lector ya sea porque se criaron en contextos con mayor acceso a los libros, con modelos lectores a la mano, con posibilidades de comprar libros o de asistir a bibliotecas, o con todo eso junto. Pero si eso no está, la construcción lectora depende sólo de la escuela. Y agrega que justamente por esa razón es necesario apoyar y sostener la labor de maestros y profesores con buenos libros en las escuelas, con buenos sueldos para que ellos mismos puedan comprar libros, con espacios de capacitación y espacios para compartir lecturas y hablar acerca de libros dentro y fuera de la escuela. Para lo cual es indispensable relación entre Estado, lectura y educación.

Y en cuanto a la familia, hacía propias las palabras de Marina Colasanti al decir:

“Siéntese en el borde de la cama de su hijo -si es que tiene una cama tan solo para él- y cuéntele las historias de horror y espanto que le contaba su mamá, las que conoce, las de su tradición local, la memoria del pasado. Cuéntele cómo comía cuando era niña, cómo se casaban las personas, cómo se cocinaba, dónde vivía, cómo era la casa. Cuéntele historias que sean reales porque la realidad es lo mismo que está en los libros pero escrito de otra manera. Si no tiene libros, cuéntele historias porque las historias van a conducir a su hijo hasta los libros.”

¿Qué más decir? Tan sólo que debemos seguir aportando nuestro granito de arena, ya sea como padres, abuelos o docentes,para acompañar a nuestros niños en el camino que se inicia en el placer de leer, camino que transitaremos a lo largo de toda la vida y que es mucho más extenso que un maratón.

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Analía Juan
Mamá de Mateo, un angelito que la cuida, y de María Celeste y Ana Victoria; gracias a ellas descubrió el camino de la literatura infantil, fue poner un pie y ya no quiso salirse de esa senda. Cree profundamente en el potencial creador de los niños y siente que leerles cuentos y poesías es otra forma de acariciar. Escritora, docente y Coordinadora de Talleres de Literatura para niños y adultos en Jesús María y Colonia Caroya, Córdoba, Argentina. Como Coordinadora de talleres literarios para chicos, ha conseguido que sus alumnos se destaquen, obteniendo en varias oportunidades primeros puestos en concursos nacionales como el destacado Concurso Literario Nacional “¿Quién apaga las estrellas?” del Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

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