Día del padre: celebrar lo que nos une, siendo distintos

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Nicanor ya casi cumple 6 años y yo también,  como padre. No pasa nada  extraordinario, es un domingo como cualquier domingo.

Mi pareja  sale a hacer las compras para el almuerzo. Afuera hace frío, lo sé. En otra oportunidad, le hubiese dicho: -“hace frío, quédense adentro,  yo voy”.Pero hoy me permito quedarme,  tapado hasta la cabeza.

Luego de un fervoroso ¡Feliz día  del padre!  Nicanor corre  y se mete debajo de las frazadas  conmigo.Prendemos la tele y nos ponemos los dos a terminar una película de los Power Rangers (algo que la madre nos viene censurando por convicción). Hoy la vemos con transgresión culposa, en su rato de ausencia.
Nicanor apoya la cabeza en mi brazo y al rato se me duerme toda la extremidad. Lo miro y empiezo a acordarme que mi viejo hacía lo mismo conmigo: me extendía su brazo y yo lo usaba de almohada y así, veíamos las carreras de Fórmula Uno.

Y me doy cuenta que pensando en Nica y yo, en el día del padre; pienso también en mi papá y yo como hijo, en algún día del padre.

Y me doy cuenta que me cuesta cada vez más, sentir esa cosa que sentimos los hijos por los padres. Me doy cuenta que en algún momento Nicanor va a perder eso también. Pero no lo siento como algo trágico.

Todos dejamos de ser hijos alguna vez, creo, para igualarnos en la paternidad, mi papá, yo, Nicanor en algún futuro, quizás.
Mentí al principio, hoy no es un domingo como  cualquier otro. Hoy es un día distinto. Lo siento distinto.Hoy viene mi papá a mi casa a pasar el día del padre y cuando lo empiezo a pensar comienzo a sentir que hay algo más fuerte que nos trasciende y que no es  sólo lo que somos ahora.

Creo que es que Mi viejo , Nicanor y yo hacemos caminos distintos con el mismo paso, que dejamos huellas distintas con el mismo ímpetu. No nos une el ser padres o hijos, nos une lo que aprendimos de cada uno, en diferentes momentos con diferentes edades.

Hoy no celebramos el rol que nos toca ahora, celebramos la historia que nos une a nosotros, lo que transitamos en común, siendo distintos.
Nicanor se acomoda, mi brazo empieza a dormirse y los dos vemos la tele una mañana fría de domingo. Feliz día, Papá.

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